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Richard Feynman — ¿Cuánto podemos saber?

Abrimos nuestros ojos, vemos el mundo, discernimos patrones. Teorizamos, formalizar; Podemos usar y la racionalidad y las matemáticas para comprender y describir todo lo. ¿Cuánto puede realmente saber, aunque?

Para ilustrar lo que quiero decir, permítanme utilizar una analogía. Me gustaría tener la imaginación para llegar con ella, pero fue Richard Feynman que hizo. Era, a propósito, lo suficientemente peculiar para comparar la física con el sexo.

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El hombre como cuarto chino

En los posts anteriores de esta serie, discutimos cómo devastador argumento habitación china de Searle era la premisa de que nuestros cerebros son ordenadores digitales. Sostuvo, bastante convincente, que la manipulación mero símbolo no podría llevar a los ricos entendimiento de que parece que disfrutar. Sin embargo, Me negué a ser convencido, y ha encontrado los llamados sistemas de respuesta más convincente. Fue el contra-argumento diciendo que era toda la habitación china que entiende el idioma, no sólo el operador o símbolo empujador en la habitación. Searle se rió, pero tenía una respuesta seria, así. Dijo, "Voy a ser toda la habitación china. Permítanme memorizar todos los símbolos y las reglas de manipulación de símbolos para que pueda dar respuestas a las preguntas chinos. Yo todavía no entiendo chino. "

Ahora, que plantea una pregunta interesante - si usted sabe bastantes símbolos chinos, y normas chinas para manipularlos, ¿no sabes en realidad de China? Por supuesto se puede imaginar que alguien sea capaz de manejar un lenguaje correctamente sin entender una palabra de lo, pero creo que es el estiramiento de la imaginación un poco demasiado lejos. Me acuerdo de la vista a los ciegos experimento en el que la gente pudiera ver sin saberlo, sin ser consciente de qué era lo que estaban viendo. Puntos de respuesta de Searle en la misma dirección - ser capaz de hablar chino sin entenderlo. Lo que la habitación china que falta es el conocimiento consciente de lo que está haciendo.

Para ahondar un poco más en este debate, tenemos que ser un poco formal sobre Sintaxis y Semántica. El lenguaje tiene tanto la sintaxis y la semántica. Por ejemplo, una declaración como "Por favor, lea mi blog" tiene la sintaxis procedente de la gramática de la lengua Inglés, símbolos que son palabras (marcadores de posición sintácticas), letras y puntuacion. Por encima de todo lo que la sintaxis, que tiene un contenido - mi deseo y petición que lea mis posts, y mi fondo creencia de que usted sabe lo que los símbolos y el contenido medio. Esa es la semántica, el significado de la declaración.

Un ordenador, de acuerdo con Searle, sólo puede hacer frente a los símbolos y, basado en la manipulación simbólica, llegar a las respuestas correctas sintácticamente. No entiende el contenido semántico como lo hacemos. Es incapaz de cumplir con mi solicitud debido a su falta de comprensión. Es en este sentido que la habitación china no entiende chino. Al menos, que es la afirmación de Searle. Dado que los ordenadores son como los chinos Habitaciones, que no pueden entender la semántica ya sea. Pero nuestro cerebro puede, y por lo tanto el cerebro no puede ser una mera ordenador.

Al poner de esa manera, Creo que la mayoría de la gente del lado de Searle. Pero ¿y si el equipo realmente podía cumplir con las peticiones y comandos que forman el contenido semántico de los estados? Supongo que incluso entonces probablemente no considerar una computadora completamente capaz de comprensión semántica, Es por eso que si un equipo realmente cumplido con mi petición de leer mis posts, Yo no podría encontrar intelectualmente satisfactorio. Lo que estamos exigiendo, por supuesto, es la conciencia. ¿Qué más se puede pedir de una computadora para convencernos de que es consciente?

Yo no tengo una buena respuesta a esa. Pero yo creo que hay que aplicar normas uniformes en atribuir conciencia a entidades externas a usted - si usted cree en la existencia de otras mentes en los seres humanos, usted tiene que preguntarse qué normas aplicar para llegar a esa conclusión, y asegurarse de que se aplican las mismas normas a las computadoras, así. No se puede construir las condiciones cíclicas en sus normas - como otros tienen cuerpos humanos, sistema nervioso y una anatomía como usted hacer para que que tienen mentes, así, que es lo que hizo Searle.

En mi opinión, lo mejor es ser abierto de mente sobre estas cuestiones, e importante no responder a ellos desde una posición de lógica insuficiente.

Mentes como la inteligencia de la máquina

Prof. Searle es quizás el más famoso por su prueba de que las máquinas de computación (o cálculo definido por Alan Turing) nunca puede ser inteligente. Su prueba utiliza lo que se llama el argumento del cuarto chino, lo que demuestra que la mera manipulación de símbolos (que es lo que la definición de torneado de la computación es, de acuerdo con Searle) no puede conducir a la comprensión y la inteligencia. Ergo nuestros cerebros y mentes no podría ser meros ordenadores.

El argumento es el siguiente - asumir Searle está encerrado en una habitación de dónde saca las entradas correspondientes a las preguntas en chino. Él tiene un conjunto de reglas para manipular los símbolos de entrada y seleccionar un símbolo de salida, tanto como un ordenador hace. Así que él viene con respuestas chinos que engañan a los jueces fuera en la creencia de que se están comunicando con un altavoz chino verdadero. Supongamos que esto se puede hacer. Ahora, aquí está el chiste - Searle no sabe una palabra de chino. Él no sabe lo que significan los símbolos. Así mero símbolo manipulación basada en reglas no es suficiente para garantizar la inteligencia, conciencia, entender etc. Al pasar la prueba de Turing no es suficiente para garantizar la inteligencia.

Uno de los contrarrevolucionarios me lo quitaron que encontré más interesante es lo que Searle llama el argumento sistemas. No es Searle en la habitación china que entiende chino; que es todo el sistema, incluyendo el conjunto de reglas que hace. Searle se ríe apagado diciendo, "Qué, la habitación entiende chino?!"Creo que los méritos de los argumentos que más sistemas que el despido burlona. Tengo dos argumentos de apoyo a favor de la respuesta de los sistemas de.

El primero es el punto que hice en el anterior post de esta serie. En Problema de las otras mentes, vimos que la respuesta de Searle a la cuestión de si otras personas tienen mentes era esencialmente por el comportamiento y la analogía. Otros se comportan como si tuvieran mentes (en que gritan cuando nos golpeamos el dedo con un martillo) y sus mecanismos internos para el dolor (nervios, cerebro, descargas neuronales, etc.) son similares a los nuestros. En el caso de la habitación china, ciertamente se comporta como si entiende chino, pero no tiene ningún análogos en términos de las partes o mecanismos como un altavoz chino. ¿Es esta ruptura en la analogía que impide Searle de la asignación de la inteligencia a la misma, a pesar de su comportamiento inteligente?

El segundo argumento tiene la forma de otro experimento mental - Creo que se llama el argumento nación china. Digamos que podemos delegar el trabajo de cada neurona en el cerebro de Searle a una persona que no habla Inglés. Así que cuando Searle escucha una pregunta en Inglés, que en realidad está siendo manejado por billones de no-Inglés de habla elementos computacionales, que generan la misma respuesta que su cerebro haría. Ahora, ¿Dónde está la comprensión del lenguaje Inglés en esta nación china de la no-Inglés hablando de personas que actúan como neuronas? Creo que uno tendría que decir que es toda la "nación" que entiende Inglés. ¿O sería Searle reírse de ello diciendo, "Qué, la nación entiende Inglés?!"

Bueno, si la nación china podía entender Inglés, Supongo que la habitación china podía entender chino, así. Computación con la mera manipulación de símbolos (que es lo que la gente de la nación están haciendo) puede y debe conducir a la inteligencia y la comprensión. Así que nuestros cerebros podrían ser realmente los ordenadores, y el software de manipulación de mentes símbolos. Ergo Searle está mal.

¡Mire, Utilicé el profesor. Argumentos de Searle y mis argumentos en contra de esta serie como una especie de diálogo para el efecto dramático. El hecho del asunto es, Prof. Searle es un filósofo de renombre mundial con credenciales impresionantes, mientras que yo soy un blogger esporádica - una unidad-por el filósofo en el mejor de. Supongo que me estoy disculpando aquí para el profesor. Searle y sus estudiantes si encuentran mis posts y comentarios ofensivos. No se pretendía; sólo se pretende una lectura interesante.

Problema de las otras mentes

¿Cómo saber que otras personas tienen mentes como lo hace? Esto puede sonar como una pregunta tonta, pero si te permites pensar en ello, se dará cuenta de que usted no tiene ninguna razón lógica para creer en la existencia de otras mentes, que es por eso que es un problema no resuelto en la filosofía – el problema de las otras mentes. Para ilustrar – Yo estaba trabajando en que Ikea proyecta el otro día, y fue martillando en ese raro de dos cabezas thingie clavo-tornillo-talón. Me lo perdí por completo y me golpeé el pulgar. Sentí el dolor insoportable, lo que significa que mi mente se sentía y me gritó:. Sé que tengo una mente porque sentí el dolor. Ahora, digamos que veo otra bozo golpear el pulgar y gritando. No siento dolor; mi mente se siente nada (excepto un poco de empatía en un buen día). ¿Qué base lógica positiva qué tengo que pensar que el comportamiento (llanto) es causada por el dolor que siente una mente?

Eso sí, No estoy sugiriendo que los demás no tienen la mente o la conciencia - todavía no, Al menos. Simplemente estoy señalando que no hay ninguna base lógica para creer que lo hacen. La lógica no es la única base para la creencia. La fe es otra. Intuición, analogía, engaño de masas, adoctrinamiento, presión de los pares, instinto etc.. son todos de base para las creencias tanto verdaderos y falsos. Yo creo que los demás tienen mentes; de lo contrario no me molestaría escribir estas entradas del blog. Pero yo soy muy consciente de que no tengo ninguna justificación lógica para esta creencia particular.

Lo que pasa con este problema de las otras mentes es que es profundamente asimétrico. Si yo creo que usted no tiene una cuenta, no es un problema para usted - usted sabe que estoy equivocado en el momento que escuchar porque usted sabe que usted tiene una mente (suponiendo, por supuesto, que lo haga). Pero tengo un problema grave - no hay manera para mí para atacar a mi creencia en la no existencia de la mente. Usted podría decirme, por supuesto, pero luego me lo pensaría, "Sí, eso es exactamente lo que un robot sin mente estaría programado para decir!"

Yo estaba escuchando a una serie de conferencias sobre la filosofía de la mente por el profesor. John Searle. Él "resuelve" el problema de las otras mentes por analogía. Sabemos que tenemos los mismos cableados anatómicas y neurofisiológicas además de un comportamiento análogo. Así que podemos "convencer" a nosotros mismos que todos tenemos mentes. Es un buen argumento en lo que va. Lo que me molesta de todo es su complemento - lo que ello implica sobre la mente en las cosas que están conectados de manera diferente, como serpientes y lagartos y los peces y las babosas y las hormigas y las bacterias y los virus. Y, por supuesto, máquinas.

¿Podrían las máquinas tienen mentes? La respuesta a esto es más bien trivial - por supuesto que pueden. Somos máquinas biológicas, y tenemos mentes (suponiendo, otra vez, que ustedes hacen). ¿Podrían las computadoras tienen mentes? O, más puntualmente, podrían ser nuestros cerebros ordenadores, y mentes estén software que se ejecuta en él? Ese es el forraje para el próximo post.

Los cerebros y equipos

Tenemos un perfecto paralelismo entre el cerebro y las computadoras. Podemos pensar fácilmente en el cerebro como el hardware y la mente o la conciencia como el software o el sistema operativo. Nos equivocaríamos, según muchos filósofos, pero sigo pensando que de esa manera. Permítanme esbozar las similitudes convincentes (según yo) antes de entrar en las dificultades filosóficas involucradas.

Mucho de lo que sabemos sobre el funcionamiento del cerebro procede de estudios de lesiones. Sabemos, para instancias, que cuenta como la visión del color, cara y reconocimiento de objetos, detección de movimiento, producción y comprensión del lenguaje son controlados por áreas especializadas del cerebro. Sabemos esto por las personas que estudian que han sufrido daño cerebral localizada. Estas características funcionales del cerebro son notablemente similares a las unidades de hardware de computación especializados en gráficos, sonar, captura de vídeo, etc..

La similitud es aún más sorprendente si tenemos en cuenta que el cerebro puede compensar el daño a un área especializada por lo que parece ser la simulación de software. Por ejemplo, el paciente que perdió la capacidad de detectar el movimiento (una condición que las personas normales tendrían dificultades para apreciar o identificar con) aún podría inferir que un objeto estaba en movimiento comparando instantáneas sucesivas de la misma en su mente. El paciente sin capacidad de decir enfrenta además podría, a veces, deducir que la persona que camina hacia él en un punto preestablecido en el momento adecuado era probablemente su esposa. Estos casos nos dan la siguiente imagen atractiva del cerebro.
Cerebro → Equipos informáticos
Conocimiento → Sistema operativo
Funciones mentales → Programas
Se ve como una figura lógica y convincente para mí.

Esta imagen seductora, sin embargo, es demasiado simplista, en el mejor; o completamente equivocado en el peor. El básico, problema filosófico con él es que el cerebro es una representación dibujado en el lienzo de la conciencia y la mente (que son construcciones de nuevo cognitivas). Esta regresión infinita abismal es imposible gatear fuera de. Pero incluso cuando ignoramos este obstáculo filosófico, y preguntarnos si los cerebros podrían ser computadoras, tenemos grandes problemas. ¿Qué es exactamente lo que pedimos? ¿Podrían ser nuestros cerebros y mentes de hardware del ordenador sean software que se ejecuta en ellos? Antes de hacer tales preguntas, tenemos que hacer preguntas paralelas: ¿Podrían las computadoras tienen la conciencia y la inteligencia? ¿Podrían tener mentes? Si tuvieran mentes, ¿cómo sabríamos?

Aún más fundamental, ¿cómo saber si otras personas tienen mentes? Este es el llamado problema de las otras mentes, que vamos a discutir en el próximo post, antes de proceder a considerar la informática y la conciencia.

Ver y Creer

Cuando abrimos los ojos y miramos alguna cosa, vemos que maldita cosa. ¿Qué podría ser más obvio que eso, derecho? Digamos que usted está buscando en su perro. Lo que se ve es realmente su perro, porque, si quieres, usted puede extender la mano y tocarlo. Ladra, y se puede oír la trama. Si apesta un poco, se puede oler. Todas estas pistas perceptuales adicionales corroboran su creencia de que lo que estamos viendo es su perro. Directamente. Sin hacer preguntas.

Por supuesto, mi trabajo en este blog es hacer preguntas, y puso en entredicho. Ante todo, ver y tocar parece ser un poco diferente de la audición y el olfato. No se oye estrictamente su perro ladrar, oyes su sonido. Del mismo modo, no huele directamente, huele el olor, el rastro químico que el perro ha dejado en el aire. Oído y el olfato son tres lugares percepciones — el perro genera sonido / olor, el sonido / olor viaja a usted, se percibe el sonido / olor.

Pero viendo (o tocar) es una cosa de dos plazas — el perro allí, y aquí percibirlo directamente. Porqué es eso? ¿Por qué nos sentimos que cuando vemos o tocamos algo, lo percibimos directamente? Esta creencia en la veracidad de percepción de lo que vemos se llama realismo ingenuo. Nosotros, por supuesto, sabemos que ver involucra luz (también lo hace tocar, pero de una manera mucho más complicado), lo que estamos viendo es la luz reflejada de un objeto y así sucesivamente. Es, De hecho, no es diferente de algo de audición. Pero este conocimiento del mecanismo de la visión no altera nuestro naturales, vista común de que lo que vemos es lo que está ahí fuera. Ver para creer.

Extrapolado de la versión ingenua es el realismo científico, que afirma que nuestros conceptos científicos también son reales, apesar de que podemos no percibir directamente. Así átomos son reales. Los electrones son reales. Los quarks son reales. La mayor parte de nuestros mejores científicos allí han sido escépticos sobre este extraploation a nuestra noción de lo que es real. Einstein, probablemente el mejor de ellos, sospechaban que incluso el espacio y el tiempo podrían no ser reales. Feynman y Gell-Mann, después de desarrollar teorías sobre los electrones y los quarks, expresado su opinión de que los electrones y los quarks podrían ser construcciones matemáticas en lugar de entidades reales.

What I am inviting you to do here is to go beyond the skepticism of Feynman and Gell-Mann, and delve into Einstein’s words — space and time are modes by which we think, not conditions in which we live. The sense of space is so real to us that we think of everything else as interactions taking place in the arena of space (and time). But space itself is the experience corresponding to the electrical signals generated by the light hitting your retina. It is a perceptual construct, much like the tonality of the sound you hear when air pressure waves hit your ear drums. Our adoption of naive realism results in our complete trust in the three dimensional space view. And since the world is created (in our brain as perceptual constructs) based on light, its speed becomes an all important constant in our world. And since speed mixes space and time, a better description is found in a four dimensional Minkowski geometry. But all these descriptions are based on perceptual experiences and therefore unreal in some sense.

I know the description above is highly circular — I talked about space being a mental construct created by light traveling through, get this, space. And when I speak of its speed, naturally, I’m talking about distance in space divided by time, and positing as the basis for the space-time mixing. This circularity makes my description less than clear and convincing. But the difficulty goes deeper than that. You see, all we have is this cognitive construct of space and time. We can describe objects and events only in terms of these constructs even when we know that they are only cognitive representations of sensory signals. Our language doesn’t go beyond that. Well, it does, but then we will be talking the language, for instance, of Advaita, calling the constructs Maya and the causes behind them Brahman, which stays unknowable. Or, we will be using some other parallel descriptions. These descriptions may be profound, wise and accurate. But ultimately, they are also useless.

But if philosophy is your thing, the discussions of cognitive constructs and unknown causations are not at all useless. Philosophy of physics happens to be my thing, and so I ask myself — what if I assume the unknown physical causes exist in a world similar to our perceptual construct? I could then propagate the causes through the process of perception and figure out what the construct should look like. I know, it sounds a bit complex, but it is something that we do all the time. We know, for instance, that the stars that we see in the night sky are not really there — we are seeing them the way they were a few (or a few million or billion) years ago because the light from them takes a long time to reach us. Physicists also know that the perceived motion of celestial objects also need to be corrected for these light-travel-time effects.

In fact, Einstein used the light travel time effects as the basis for deriving his special theory of relativity. He then stipulated that space and time behave the way we perceive them, derived using the said light-travel-time effects. This, of course, is based on his deep understanding that space and time are “the modes by which we think,” but also based on the assumption that the the causes behind the modes also are similar to the modes themselves. This depth of thinking is lost on the lesser scientists that came after him. The distinction between the modes of thinking and their causation is also lost, so that space and time have become entities that obey strange rules. Like bent spoons.

Photo by General Press1

Deferred Satisfaction

The mother was getting annoyed that her teenaged son was wasting time watching TV.
“Son, don’t waste your time watching TV. You should be studying,” she advised.
“Why?” quipped the son, as teenagers usually do.
“Well, if you study hard, you will get good grades.”
“Yeah, so?”
“Then, you can get into a good school.”
“Why should I?”
“That way, you can hope to get a good job.”
“Why? What do I want with a good job?”
“Well, you can make a lot of money that way.”
“Why do I want money?”
“If you have enough money, you can sit back and relax. Watch TV whenever you want to.”
“Well, I’m doing it right now!”

What the mother is advocating, of course, is the wise principle of deferred satisfaction. It doesn’t matter if you have to do something slightly unpleasant now, as long as you get rewarded for it later in life. This principle is so much a part of our moral fabric that we take it for granted, never questioning its wisdom. Because of our trust in it, we obediently take bitter medicines when we fall sick, knowing that we will feel better later on. We silently submit ourselves to jabs, root-canals, colonoscopies and other atrocities done to our persons because we have learned to tolerate unpleasantnesses in anticipation of future rewards. We even work like a dog at jobs so loathesome that they really have to pay us a pretty penny to stick it out.

Before I discredit myself, let me make it very clear that I do believe in the wisdom of deferred satisfaction. I just want to take a closer look because my belief, or the belief of seven billion people for that matter, is still no proof of the logical rightness of any principle.

The way we lead our lives these days is based on what they call hedonism. I know that the word has a negative connotation, but that is not the sense in which I am using it here. Hedonism is the principle that any decision we take in life is based on how much pain and pleasure it is going to create. If there is an excess of pleasure over pain, then it is the right decision. Although we are not considering it, the case where the recipients of the pain and pleasure are distinct individuals, nobility or selfishness is involved in the decision. So the aim of a good life is to maximize this excess of pleasure over pain. Viewed in this context, the principle of delayed satisfaction makes sense — it is one good strategy to maximize the excess.

But we have to be careful about how much to delay the satisfaction. Clearly, if we wait for too long, all the satisfaction credit we accumulate will go wasted because we may die before we have a chance to draw upon it. This realization may be behind the mantra “live in the present moment.”

Where hedonism falls short is in the fact that it fails to consider the quality of the pleasure. That is where it gets its bad connotation from. For instance, a ponzi scheme master like Madoff probably made the right decisions because they enjoyed long periods of luxurious opulence at the cost of a relatively short durations of pain in prison.

What is needed, perhaps, is another measure of the rightness of our choices. I think it is in the intrinsic quality of the choice itself. We do something because we know that it is good.

I am, of course, touching upon the vast branch of philosophy they call ethics. It is not possible to summarize it in a couple of blog posts. Nor am I qualified enough to do so. Michael Sandel, on the other hand, is eminently qualified, and you should check out his online course Justice: What is the Right Thing to Do? if interested. I just want to share my thought that there is something like the intrinsic quality of a way of life, or of choices and decisions. We all know it because it comes before our intellectual analysis. We do the right thing not so much because it gives us an excess of pleasure over pain, but we know what the right thing is and have an innate need to do it.

That, at least, is the theory. But, of late, I’m beginning to wonder whether the whole right-wrong, good-evil distinction is an elaborate ruse to keep some simple-minded folks in check, while the smarter ones keep enjoying totally hedonistic (using it with all the pejorative connotation now) pleasures of life. Why should I be good while the rest of them seem to be reveling in wall-to-wall fun? Is it my decaying internal quality talking, or am I just getting a bit smarter? I think what is confusing me, and probably you as well, is the small distance between pleasure and happiness. Doing the right thing results in happiness. Eating a good lunch results in pleasure. When Richard Feynman wrote about The Pleasure of Finding Things Out, he was probably talking about happiness. When I read that book, what I’m experiencing is probably closer to mere pleasure. Watching TV is probably pleasure. Writing this post, on the other hand, is probably closer to happiness. At least, I hope so.

To come back my little story above, what could the mother say to her TV-watching son to impress upon him the wisdom of deferred satisfaction? Well, just about the only thing I can think of is the argument from hedonism saying that if the son wastes his time now watching TV, there is a very real possibility that he may not be able to afford a TV later on in life. Perhaps intrinsically good parents won’t let their children grow up into a TV-less adulthood. I suspect I would, because I believe in the intrinsic goodness of taking responsibility for one’s actions and consequences. Does that make me a bad parent? Is it the right thing to do? Need we ask anyone to tell us these things?

My Life, My Way

After almost eight years in banking, I have finally called it quits. Over the last three of those years, I had been telling people that I was leaving. And I think people had stopped taking me seriously. My wife certainly did, and it came as a major shock to her. But despite her studied opposition, I managed to pull it off. In fact, it is not just banking that I left, I have actually retired. Most of my friends greeted the news of my retirement with a mixture of envy and disbelief. The power to surprise — it is nice to still have that power.

Why is it a surprise really? Why would anyone think that it is insane to walk away from a career like mine? Insanity is in doing the same thing over and over and expecting different results. Millions of people do the same insanely crummy stuff over and over, everyone of them wanting nothing more than to stop doing it, even planning on it only to postpone their plans for one silly reason or another. I guess the force of habit in doing the crummy stuff is greater than the fear of change. There is a gulf between what people say their plans are and what they end up doing, which is the theme of that disturbing movie Revolutionary Road. This gulf is extremely narrow in my case. I set out with a bunch of small targets — to help a few people, to make a modest fortune, to provide reasonable comfort and security to those near. I have achieved them, and now it is time to stop. The trouble with all such targets is that once you get close to them, they look mundane, and nothing is ever enough for most people. Not for me though — I have always been reckless enough to stick to my plans.

One of the early instances of such a reckless action came during my undergraduate years at IIT Madras. I was pretty smart academically, especially in physics. But I wasn’t too good in remembering details like the names of theorems. Once, this eccentric professor of mine at IIT asked me the name of a particular theorem relating the line integral of the electric field around a point and the charge contained within. I think the answer was Green’s theorem, while its 3-D equivalent (surface integral) is called Gauss’s theorem or something. (Sorry, my Wikipedia and Google searches didn’t bring up anything definitive on that.) I answered Gauss’s theorem. The professor looked at me for a long moment with contempt in his eyes and said (in Tamil) something like I needed to get a beating with his slippers. I still remember standing there in my Khakki workshop attire and listening to him, with my face burning with shame and impotent anger. And, although physics was my favorite subject (my first love, in fact, as I keep saying, mostly to annoy my wife), I didn’t go back to any of his lectures after that. I guess even at that young age, I had this disturbing level of recklessness in me. I now know why. It’s is the ingrained conviction that nothing really matters. Nothing ever did, as Meursault the Stranger points out in his last bout of eloquence.

I left banking for a variety of reasons; remuneration wasn’t one of them, but recklessness perhaps was. I had some philosophical misgivings about the rightness of what I was doing at a bank. I suffered from a troubled conscience. Philosophical reasons are strange beasts — they lead to concrete actions, often disturbing ones. Albert Camus (in his collection The Myth of Sisyphus) warned of it while talking about the absurdity of life. Robert Pirsig in his epilog to Zen and the Art of Motorcycle Maintenance also talked about when such musings became psychiatrically dangerous. Michael Sandel is another wise man who, in his famous lectures on Justice: What is the Right Thing to Do? pointed out that philosophy could often color your perspective permanently — you cannot unlearn it to go back, you cannot unthink a thought to become normal again.

Philosophy and recklessness aside, the other primary reason for leaving the job was boredom. The job got so colossally boring. Looking out my window at the traffic 13 floors below was infinitely more rewarding than looking at the work on my three computer screens. And so I spent half my time staring out the window. Of course, my performance dwindled as a result. I guess scuttling the performance is the only way to realistically make oneself leave a high-paying job. There are times when you have have to burn the bridges behind you. Looking back at it now, I cannot really understand why I was so bored. I was a quantitative developer and the job involved developing reports and tools. Coding is what I do for fun at home. That and writing, of course. May be the boredom came from the fact that there was no serious intellectual content in it. There was none in the tasks, nor in the company of the throngs of ambitious colleagues. Walking into the workplace every morning, looking at all the highly paid people walking around with impressive demeanors of doing something important, I used to feel almost sad. How important could their bean-counting ever be?

Then again, how important could this blogging be? We get back to Meursault’s tirade – rien n’avait d’importance. Perhaps I was wrong to have thrown it away, as all of them keep telling me. Perhaps those important-looking colleagues were really important, and I was the one in the wrong to have retired. That also matters little; that also has little importance, as Meursault and my alter ego would see it.

What next is the question that keeps coming up. I am tempted to give the same tongue-in-cheek answer as Larry Darrell in The Razor’s Edge — Loaf! My kind of loafing would involve a lot of thinking, a lot of studying, and hard work. There is so much to know, and so little time left to learn.

Photo by kenteegardin

Everything and Nothing

I once attended a spiritual self-help kind of course. Toward the end of the course, there was this exercise where the teacher would ask the question, “What are you?” Whatever answer the participant came up with, the teacher would tear it apart. For instance, if I said, “I work for a bank as a quantitative finance professional,” she would say, “Yeah, that’s what you do, but what are you?” If I said, “I am Manoj,” she would say, “Yeah, that’s only your name, what are you?” You get the idea. To the extent that it is a hard question to answer, the teacher always gets the upper hand.

Not in my case though. Luckily for me, I was the last one to answer the question, and I had the benefit of seeing how this exercise evolved. Since I had time, I decided to cook up something substantial. So when my turn came, here was my response that pretty much floored the teacher. I said, “I am a little droplet of consciousness so tiny that I’m nothing, yet part of something so big that I’m everything.” As I surmised, she couldn’t very well say, “Yeah, sure, but what are you?” In fact, she could’ve said, “That’s just some serious bullshit, man, what the heck are you?” which is probably what I would’ve done. But my teacher, being the kind and gentle soul she is, decided to thank me gravely and move on.

Now I want to pick up on that theme and point out that there is more to that response than something impressive that I made up that day to sound really cool in front of a bunch of spiritualites. The tininess part is easy. Our station in this universe is so mindbogglingly tiny that a sense of proportion is the one thing we cannot afford to have, if we are to keep our sanity — as Douglas Adams puts it in one of his books. What goes for the physical near-nothingness of our existence in terms of space also applies to the temporal dimension. We exist for a mere fleeing instant when put in the context of any geological or cosmological timescale. So when I called myself a “little” droplet, I was being kind, if anything.

But being part of something so vast — ah, that is the interesting bit. Physically, there is not an atom in my body that wasn’t part of a star somewhere sometime ago. We are all made up of stardust, from the ashes of dead stars. (Interesting they say from dust to dust and from ashes to ashes, isn’t it?) So, those sappy scenes in sentimental flicks, where the dad points to the star and says, “Your mother is up there sweetheart, watching over you,” have a bit of scientific truth to them. All the particles in my body will end up in a star (a red giant, in our case); the only stretch is that it will take another four and half billion years. But it does mean that the dust will live forever and end up practically everywhere through some supernova explosion, if our current understanding of how it all works is correct (which it is not, in my opinion, but that is another story). This eternal existence of a the purely physical kind is what Schopenhauer tried to draw consolation from, I believe, but it really is no consolation, if you ask me. Nonetheless, we are all part of something much bigger, spatially and temporally – in a purely physical sense.

At a deeper level, my being part of everything comes from the fact that we are both the inside and the outside of things. I know it sounds like I smoked something I wouldn’t like my children to smoke. Let me explain; this will take a few words. You see, when we look at a star, we of course see a star. But what we mean by “see a star” is just that there are some neurons in our brain firing in a particular pattern. We assume that there is a star out there causing some photons to fall on our retina and create neuronal firing, which results in a cognitive model of what we call night sky and stars. We further assume that what we see (night sky and star) is a faithful representation of what is out there. But why should it be? Think of how we hear stuff. When we listen to music, we hear tonality, loudness etc, but these are only cognitive models for the frequency and amplitude of the pressure waves in the air, as we understand sound right now. Frequency and amplitude are very different beasts compared to tonality and loudness — the former are physical causes, the latter are perceptual experiences. Take away the brain, there is no experience, ergo there is no sound — which is the gist of the overused cocktail conundrum of the falling tree in a deserted forest. If you force yourself to think along these lines for a while, you will have to admit that whatever is “out there” as you perceive it is only in your brain as cognitive constructs. Hence my hazy statement about we are both the inside and the outside of things. So, from the perspective of cognitive neuroscience, we can argue that we are everything — the whole universe and our knowledge of it is all are patterns in our brain. There is nothing else.

Want to go even deeper? Well, the brain itself is part of the reality (which is a cognitive construct) created by the brain. So are the air pressure waves, photons, retina, cognitive neuroscience etc. All convenient models in our brains. That, of course, is an infinite regression, from which there is no escape. It is a logical abyss where we can find no rational foothold to anchor our thoughts and crawl out, which naturally leads to what we call the infinite, the unknowable, the absolute, the eternal — Brahman.

I was, of course, thinking of Brahman ( and the notion that we are all part of that major oneness) when I cooked up that everything-and-nothing response. But it is all the same, isn’t it, whichever way you look at it? Well, may be not; may be it is just that I see it that way. If the only tool you have is a hammer, all the problems in the world look like nails to you. May be I’m just hammering in the metaphysical nails whenever and wherever I get a chance. To me, all schools of thought seem to converge to similar notions. Reminds of that French girl I was trying impress long time ago. I said to her, rather optimistically, “You know, you and I think alike, that’s what I like about you.” She replied, “Well, there is only one way to think, if you think at all. So no big deal!” Needless to say I didn’t get anywhere with her.